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Vino el remolino y nos alevantó

AGENCIA/www.notimina.com

Juan Meléndez de la Cruz

Es la historia como el huracán revolucionario transforma radicalmente la vida de una familia, los Ramírez. El hogar está integrado por siete personas, el padre, don Patricio; la madre, Antonia y sus cinco hijos: Ramón, Antonia, Alejandro, Esteban todos jóvenes y el más pequeño de unos 10 años, Darío.

La cinta abre con la imponente figura del monumento a la Revolución y una banda de guerra tocando los redobles que enmarcan el canto del himno nacional mexicano mientras una voz en off (La del personaje central, el impresor y jefe de familia, Patricio) nos dice:

“Si, este monumento simboliza la Revolución Mexicana y está consagrado a sus muertos y a sus ideales. Tras la tormenta de fuego y sangre, México construye carreteras, presas, escuelas y rinde homenaje a quienes se sacrificaron por dar un sentido nuevo, más humano y generoso a su historia. Esta obra de piedra que hoy se inaugura, conmemora algo que costó mucha sangre, mucha sangre arrancada al corazón de tantas familias mexicanas, santa sangre de nuestros hijos derramada desde 1910 ¿quién iba a adivinar entonces el oportuno impulso que se movía desde lo hondo de México y arrastraría a nuestros hijos?  ¿Quién iba a pensar entonces que tras tanta música y tanto brillo de las grandes fiestas del centenario rugía ya la tempestad? Yo no la sentí llegar aquel día de septiembre de 1910 en que palpé con mis manos, temblando de dicha, la recompensa de tantos años de trabajo, no la sentí llegar pero era ella, la tempestad”.

Lo expresa así, pues no se dio cuenta de que sus hijos no solo simpatizan con el movimiento anti reeleccionista de Francisco I. Madero, sino que son militantes convencidos y dispuestos al sacrificio por alcanzar lo que ellos consideran sus ideales.

El padre como figura de autoridad, pero sin llegar a ser impositivo, puesto que también tiene enfrente a sus hijos que ya se hicieron hombres y defienden sus creencias y orientaciones políticas. Contradictoriamente, a pesar de su filiación porfirista, el padre de familia sufre la cárcel por las acciones de sus vástagos y ve destruida su imprenta que representa toda una vida de trabajo.

Cuando el padre los increpa, a los tres hijos mayores: ¿Cómo pudieron meterse en esta tarugada, siendo hombres de trabajo? El mayor le responde: somos hombres libres padre, no estamos vendidos a la tiranía a lo que el padre riposta: La vida es como es y no van a cambiarla una bola de mentecatos y bandidos que lo único que quieren es el desorden, para pescar en río revuelto y tomarlos a ustedes como instrumento. Y para que sepan, cuando se habla del señor Díaz se hace quitándose el sombrero.

Ramón, el mayor muere abatido en un enfrentamiento con la policía porfirista y los dos siguientes huyen de la capital y se incorporan a las filas de la Revolución.

Años después los hermanos Esteban y Alejandro se encuentra pero cada uno en bando distinto, el primero con Álvaro Obregón y el segundo con los villistas y como estos fueron derrotados, Alejandro es prisionero y va a ser fusilado, pero es liberado por su hermano por lo que Esteban es juzgado y fusilado.

Haremos de cuenta

Que fuimos basura,

llegó el remolino y nos alevantó,

Y al mismo tiempo

De andar en la altura,

El mismo viento

Nos desapartó.

Esteban antes de morir escucha la canción y habla: Oiga eso mi mayor, así nos pasó; andar peleando hermanos contra hermanos, a todos nos barrió la bola como el remolino.

La película “Vino el remolino y nos alevantó” será proyectada por el cineclub “Oro negro” del FLS de la Sección 10 el viernes 6 de noviembre a las 18 horas en el Auditorio  de transportes del Frente Liberal Sindicalista, calzada de los Petroleros s/n, (a un lado de la delegación de tránsito) colonia Petrolera de Minatitlán. La entrada es libre y para todo público.

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